“En Noviembre de 1979 yo me encontraba colaborando como
conferencista en INVASIÓN VENEZUELA 79 en Caracas. Me llevaron a conocer la
residencia de Ingeniero José Napoleón Duarte, que se encontraba exiliado en ese
entonces. ¿Dónde se encontraba usted? Pregunté a Carlos Henríquez Consalvi, en
su conversatorio en la Biblioteca Nacional de San Salvador el 17 de enero de 2014 en la presentación de su libro La Terquedad Del Izote.
Buena pregunta, me dijo, Manglio Argueta, que se encontraba con un centenar de
estudiantes de periodismo de la UCA.
Yo no conocía a Carlos Henquiquez Consalvi, autor del libro
La Terquedad Del Izote. Sentí afinidad con su persona. El es de 1947; Yo de
1950. Ambos idealistas. El tomó las armas; Yo la Biblia. De Wikipendia en
inglés traduje su biografía:
Carlos Henríquez Consalvi. Alías Santiago. Nación en Mérida,
Venezuela en 1947. Su padre acérrimo oponente del dictador militar Pérez
Jiménez. Fueron exiliados con su familia a Costa Rica y México. En 1958 de 11
años regresa a su Venezuela querida. Estudia Periodismo en la Universidad
Nacional de Caracas. En 1972 viaja a Nicaragua a ayudar a las víctimas del
terremoto de Managua. Viaja con grupo de jóvenes a ayudar. Consalvi profundamente interesado en la
historia lleva a cabo investigación en Paris, Madrid y Roma.
En 1978 se encuentra en Managua cuando es asesinan a Pedro Joaquín
Chamorro. Escribe artículos en La Prensa sobre Derechos Humanos en el periódico
de los Chamorros. Después de la caída de la dictadura de los Somosas se
traslada a El Salvador donde funda la radio Venceremos en 1980. Sus memorias durante la guerra civil
salvadoreña – 1980 1992- se reflejan en su libro La Terquedad Del Izote.
La importancia de la memoria cultural e histórica para la
reconstrucción de una sociedad le lleva a fundar el Museo De La Palabra E
Imagen. Se abre en 1999 y contiene films, fotos, sobre la cultura e historia de
El Salvador. Con su museo él promueve los Derechos Humanos, Justicia Social y
Paz.
Ha escrito varias novelas y literatura narrativa. Produce
audiovisuales, cine, películas documentales: Cicatrices de la memoria. La Palabra
En El Bosque, La Frontera Del Olvido, Cuentos de Cipotes – Cartoon- de
Salarrué.
En 2008 Consalvi fue galardonado con el premio Prince Calus Award de Netherland. Esto por
crear espacio para la libertad y por su aporte a crear las bases de una
sociedad más justa en El Salvador conservando la memoria histórica del país.
De las preguntas del conversatorio rescaté:
El nombre del libro: La Terquedad Del Izote nació el día que
mataron a los jesuitas de la UCA.
El libro se imprimió en México gracias a la intervención de
un familiar de Santiago ante Gabriel García Márquez.
Evitó pronunciar el nombre del coronel Monterrosa, al
expresar su apreciación del militar. Resintió que la brigada de San Miguel
lleve su nombre y que se le rinda honores por algunos militares de mentalidad
de derecha.
Consalvi es un internacionalista que lleva en el ADN ideales
de justicia social para el mundo. Es el Che Guevara venezolano-salvadoreño. El
vive en El Salvador siguiendo las huellas del CHE.
El Título del libro:
Terquedad,
Obstinación.
Izote: Renace a pesar
de las inclemencias del tiempo. Las ideas no mueren: Renacen en otras mentes.
La yuca pie de elefante o yuca de interior (Yucca elephantipes,
sin. Yucca guatemalensis) es una planta arborescente de la familia de las
agaváceas, nativa de El Salvador y Guatemala. Se cultiva como planta de
interior, y los pétalos y brotes tiernos se consumen como verdura. Su flor, el
izote, es la flor nacional de El Salvador.
El lephantipes carece de espinas, por lo que es
más frecuente como planta ornamental que otras especies. Alcanza los 10 m de
altura, con tallos simples o ramificados, engrosados en la base. Las hojas son
alargadas, de 50 a 100 por 5 a 7 cm de longitud y los bordes ligeramente
dentados. Las inflorescencias son panículas frondosas con flores acampanadas,
de color blanco o crema.
Es comestible, sus pétalos se consumen con huevo y tomate o
con limón y sus botones como ensalada. En Centroamérica se consume mucho. Es de
sabor amargo, como la pacaya.
LA TERQUEDAD DE LA GPP
La Guerra Popular Prolongada de Cayetano Carpio Y Mao se convirtió en GPP = Ganaremos Por Pasos. El FML
ya gobernó mixtado con Mauricio Funes. Hoy va por la presidencia con Salvador y
Oscar. Suramérica experimenta el GPP con votos y con gobiernos hacia el
Socialismo Del Siglo XXI. Llegaremos al SOCIALISMO por PASOS.
LA TERQUEDAD COMIENZA EN TACUBA, AHUACHAPÁN. 1932
¡CASI ME MATAN ¡
Por Ralph D. Williams, misionero protestante
inglés.
LA REVOLUCIÓN EN TACUBA
Con Miguel
Fuentes, Miguel Flores, Silverio Díaz, tomamos el tren para Ahuachapán en la
estación de Santa Ana para llevar a cabo una gira por las iglesias de Tacuba y
El Imposible por ocho días. Al llegar a la estación de Ahuachapán, caminamos a
pié a Tacuba donde comenzábamos una gira a los primeros grupos pentecostales: A
las montañas, a la orilla del rio Paz – rio que divide a El Salvador de
Guatemala-. Aquí todavía se podía encontrar a gente nativa que hablaba
náhuatl. Solo eran 18 kilómetros la primera etapa para llegar a Tacuba. Rogelio
y Elvira y sus dos hijas habían sido instalados como pastor en la iglesia de Tacuba.
Llegamos a Tacuba miércoles. Estaríamos en San Benito – Parque Reserva
Forestal, EL IMPOSIBLE, cantón San Benito de San Isidro Menéndez, Ahuachapán,
sábado y domingo. – Esto a orillas del parque reserva forestal El Imposible, a
50 kilómetros de Tacuba-. Allí les predicaríamos a unos 80 hermanos. Esto en
semana santa de 1932. Solo hacía dos años se habían fundado LAS
ASAMBLEAS DE DIOS en la ciudad de Ahuachapán- 1930.
Había
rumores de una revolución en el pueblo. Los disturbios políticos eran común en
estos días, así no tomamos cuidados de los rumores. Solo tuvimos culto
miércoles y jueves en la noche en Tacuba. El siguiente día seguiríamos la gira
al Imposible que estaba a 50 kilómetros a pie más adelante. Había fuertes
rumores de que los revolucionarios estaban llegando a Tacuba.
El viernes,
que era el día que partiríamos al Imposible, San Benito; Arbizú nos envió
un telegrama urgente desde Santa Ana que nos decía que regresáramos a casa.
Fuimos a la Guardia Nacional a preguntar qué pasaba. Había problemas políticos
pero todo estaba bajo control, nos dijeron.
Decidimos
continuar la gira al Imposible. (Su rango altitudinal (de los 300 a
1,450 metros) y topografía accidentada han dotado a El Imposible de una belleza
singular. Al principio del siglo XX, los caficultores transportaban su café a
lomo de mula, desde las fincas del norte hacia el Puerto de Acajutla. Pero
existía una barranca entre dos montañas donde se interrumpía el paso. Allí, los
arrieros construían precarios puentes, que en muchas ocasiones no soportaron la
carga y se derrumbaron, arrastrando a bestias y humanos hacia el
precipicio. Flora y fauna
Con más de
1,000 especies identificadas de flora, 500 de mariposas diurnas, 282 de aves,
103 de mamíferos y 53 especies de anfibios y reptiles, El Imposible posee la
mayor diversidad biológica del país, aquí existen especies que solo se
encuentran en El Salvador, como el "guana quito de tierra". )
Pedimos un
salvoconducto a los militares del pueblo para ir al Imposible, cantón San
Benito, por si una patrulla nos encontraba, no nos fueran a confundir como
rebeldes. El culto en el Imposible se iba a llevar a cabo en casa de hermana
Isabel, en la calle principal del cantón. Así los que pasaran podrían escuchar
palabra de Dios.
Terminamos
el último culto en Tacuba y nos preparamos para dormir – en las hamacas- pues
necesitamos descansar pues madrugaríamos para viajar al Imposible por las
montañas.
Algo nos
despertó una hora después de habernos quedado dormidos. ¿Oyeron esos balazos?
¿Es fuego de rifle disparando? Alguien grito´. Rogelio fue el que gritó. No se
preocupen va a haber elección de alcalde mañana en la mañana. Es probable que
uno de los partidos en contienda política esté intimidando al otro bando.
¡Duérmanse ya¡ Tratamos de dormir pero los disparos continuaban. Rogelio volvió
a gritar a estar en silencio y no encender luz.
Los
disparos fueron cada vez más fuertes y sospechábamos que no era una cosa poca.
La puerta se abrió y entro hermano Perla, uno de los hermanos de Tacuba que nos
dijo que no era asunto de elección sino que se trataba de una REVOLUCIÓN.
Una gran
banda de hombres vino y a punta de machete nos dijeron que les acompañáramos en
la toma del pueblo. Yo iba llegando del culto pero ellos me sacaron a la
calle y nos trajeron al pueblo. Ahorita han comenzado a matar a los que se
oponen. Primero atacaron los puestos de la guardia Nacional y mataron 20
militares y a todo aquel que se oponía a ellos. Tan pronto me di cuenta
de lo que estaba sucediendo en el pueblo. Me hice a un lado de la multitud de
gente armada y con cuidado me vine donde ustedes para informarles lo sucedido.
De aquí me voy para mi casa por las colinas.
Con estas
noticas, solo nos encomendamos a Dios por si nos mataban. Nos
encontrábamos en medio de dos fuegos: el ejecito y los insurgentes. Se
oía tiroteo en el centro de Tacuba. Gritando fuerte el enemigo se movía
en posición contraria. Gritos horribles se oyó toda la noche. La mayoría de la
gente que habita Tacuba son nativos indígenas. Al llegar la mañana con los rayos
del sol, las mujeres pequeñas re fajadas – vestidos de colores
confeccionados por ellas-. Ellas comenzaron a salir por el jardín de las
casas a buscar comida y a sus esposos. Elvira salió a saber de las noticias de
la noche.
Los veinte
hombres que formaban la barricada los mataron anoche. El comandante le disparó
y mutilaron en la casa de Isabel, donde ella había visto la barricada.
Mataron muchos otros de los dos bandos en contienda. Revisan casa por casa y
los que no están al lado de la revolución, los matan. Ellos decían que la
revolución había vencido solo faltaba que callera Santa Ana y Ahuachapán. Las
mujeres lloraban a sus muertos que habían caído en combate, enfrente de la casa
de predicación que recién se había rentado; También al otro lado de la calle.
Había poca
paz y orden. Después de orar y consultar con los hermanos, decidimos
ponerlos al lado de los insurgentes y pedir permiso de salir de Tacuba como lo
habíamos planeado. Salimos los cuatro en la calle principal, sin problemas,
cuesta abajo hasta llegar unas cuadras cerca del centro. Entones vimos hombres
armados con fusiles escondiéndose entre las paredes y arbustos a los dos lados
de la calle. No era sensato salir corriendo, una bala nos podría
alcanzar, así que seguimos caminando quietos y tranquilos. Al acercarnos al
parque central del pueblito unos hombres nos asaltaron a punta de rifle y nos
mandaron a estar de pie con manos en alto contra la pared. Varios cientos de
hombres nos rodearon. Cuando estaban a punto de dispararnos una voz les grito:
“Son evangelistas yo los oí cantar y predicar anoche”. Déjenlos ir. Después de
argumentar entre los insurgentes nos dejaron en libertad, pero no nos dejaros
salir pues la batalla continuaba en las colinas alrededor del pueblo.
Regresamos
a la casa de predicación, desconsolados. ¿Qué harás de nosotros, Señor? Oré a
Dios. Regresamos a nuestro refugio temporal sin ser dañados. El Señor nos
mostrará que hacer en medio de esta revolución.
Supimos
algo de los hombres que habían matado en la noche, por medio de las viudas.
Algunos estaban vivos escondidos en el tabique de las casas y las mujeres
venían solo para llevarles agua y comida. Algunos al ser descubiertos los
matarían por contrarios a la
revolución. Al caer la noche se oía el golpe del trote de los hombres tocando
las puertas de las casas y sus horribles gritos. Yo contenía la respiración,
pues los golpes de los zapatos se oían al otro lado de la puerta. Solo faltaba
que tocaran la nuestra para sacarnos. Nuestra puerta la saltaron y fueron a
otra.
Dos noches
seguidas sin dormir y con los mismos ruidos y emociones. Silverio le dio
catarro y yo lo aquietaba para que no hiciera ruido. Elvira cocinó un pollo y
comimos con arroz sabrosos. Sin duda el Ángel del Señor estuvo con nosotros en
estas horribles noches. Vino el tercer día. ¿Cuándo va a terminar esto?,
pregunté a Dios. Hubo calma y de pronto una ráfaga de gente se agolpó en las
calles. Abran las puertas y los fueras afuera. Las puertas se abrieron de par
en par y se oyeron unas ráfagas de fuego. Elvira vino y dijo deberíamos
escapar. Es el momento de irnos a las colinas y escondernos, dijo. Rogelio y
Elvira, pastores de Tacuba estaban turbados y asustados por los eventos de 32.
Creímos que estábamos a salvo en la CASA DEL SEÑOR, pero Rogelio trataba de
persuadirnos: “El sabio ve el mal y se aparta”. Por fin le hicimos caso.
Teníamos 1
kilómetros de haber salido del pueblo cuando vimos otra tropa de gente cuando
alguien nos gritó arriba de nosotros. Pero no la tropa. La voz nos decía: “A
morir van”, “A morir van”. Íbamos caminando lejos uno del otro pero todos oímos
la voz. Creímos era la voz de Dios y regresamos a la sala evangélica en
Tacuba. De regreso 4 hombres armados llegaron a la sala de predicación nos
llamaron afuera. Solo yo por extranjero no salí. Yo tenía miedo pues mucha
gente estaba muriendo en la insurrección. El arma más común era el machete.
Señor, le oré a Dios, si he de morir quiero que sea de una bala y con un
machete. Confieso que mis pies estaban helados. Encontré una hoja de papel
dentro de mi Biblia y escribí mi despedida a Joya, Owen y David. Les escribí lo
mucho que los quería. Puse el papel dentro de la Biblia. Oré de pie a Dios y me
encomendé a Él. Yo sentía a que este era mi fin. Estaba preparado para
partir. Estaba tranquilo y lo que viniera sería bienvenido. De pronto un ruido
en la puerta y 6 rifles me apuntaban. Elvira se puso al frente para defenderme
y les dijo algo a los rifleros; pero ellos la apartaron con la punta de los
rifles. Valiente y leal Elvira trataba de librar mi vida junto a las otras
hermanitas re fajadas. Me sacaron a la calle en un momento. Ellos estaban
reclutando a la gente del pueblo porque el ejército venía a desalojar a los
insurgentes de Tacuba, pues se lo habían tomado. Eran muchos los reclutados.
Hubiera
deseado me llevaran con los otros hermanos. Luego me junte con ellos en la
calle. El único hombre blanco en el pueblo era un hijo de una señora en el
pueblo y que era encargado del frente insurgente en el pueblo. Me había
saludado amigablemente cuando ingresé al pueblo. Les apuntaba a las hermanas
que nos rodeaban. Le advertí que “no me fueran a dañar, pues yo era un
ciudadano británico. Que tuvieran su revolución pero que me dejaran libre.
Llegaran buques británicos al puerto de Acajutla si tocan a un ciudadano
inglés., les dije. Al oír esto el jefe puso atención. En mi pensamiento veía
naves británicas que desembarcaban en Acajutla para defender a su ciudadano. Un
pensamiento confortable. El comandante escribió una nota que decía: “A las
tropas de la revolución comunista, les ordeno, mantener a salvo al ciudadano
inglés Ralph D. Williams “. Después que lo hubo firmado, le pedí que incluyera
a los hermanos que me acompañaban en el salvoconducto. El aceptó y la firmó.
Con el
papel firmado regresamos a la sala evangélica, que era nuestro cuartel
espiritual esos días de angustia. Estábamos libres y a salvo pero las calles
del pueblo hervías de turbulencia y de incontrolable movimiento de
gentes. Al volver mi mirada vi a muchos perros y cerdos que se arrebataban la
carne de los muertos no enterrados del conflicto.
Como a las
once de la mañana se oyó, en medio de la calma, un grito. En el momento no oí
el r a t ata de los rifles. Las mujeres indias decían: “Vienen máquinas
de balas”. El ejército ya rodeaba la ciudad y atacaba los puestos de los
insurgentes. El ejército se oía lejos todavía pero pronto estaría enfrente de
la calle donde nosotros estábamos. Escribí con yeso en la puerta Sala
Evangélica, nos encerramos y nos encomendamos a Dios. Habíamos 15 creyentes
esperando el contra fuego. Puesto que iba a haber enfrentamiento en las calles,
arreglamos las bancas para nos protegiera. Uno de los dos bandos iba a buscar
refugio y entrarían donde estábamos. Seríamos blanco del enemigo, de uno y u
otro bando.
El ruido de
los rifles y metralletas se oía que defendían el pueblo. Esperábamos una bala
se filtrara por las puertas, techo o paredes. El ruido del ra ta ta de la
guerra intestina se oyó toda la tarde y noche. Esperábamos la muerte en cualquier
momento. Teníamos paz con Dios para morir. Todos mis temores se habían ido y yo
esperaba el cielo. Esperaba ver a mi hermano Ricardo – Quien vino a América
conmigo para labor misionera pero que solo 3 años después Dios lo llamó a su
presencia en Perú - , mi familia, apóstoles. Señor, le dije: “Me vas a llevar a
casa luego, No mas subir montañas en el campo, no mas noches agónicas
horribles de guerra, cuál será la bala que me llevará a ti”.
Estaba
sorprendido de que no estuviere baleado, ni en el cielo todavía. Estaba
un poco decepcionado y una extraña experiencia. Mi vino a mi mente mi
familia y el deseo de volverlos a ver pronto. ¿Pero cuándo?
El
siguiente día hubo una relativa calma hasta las nueve de la mañana. Los
soldados del gobierno anunciaron que los que estuvieran al lado del gobierno
salieran a las calles; con su sombrero tomado de las dos manos. Deberíamos ir
al centro del pueblo acompañado de dos mujeres a los dos lados. Dos mujeres
indias me acompañaron a quienes no reconocí. Salimos de la sala evangélica y
comenzamos a caminaras hacia el centro del pueblo. Fui detenido por unos
hombres con rifle. Eran 6 hombres los que me apuntaban con sus rifles
insultándome con palabras y diciendo yo era uno de los traidores a la patria.
Dijo yo era uno de los líderes comunistas. Me gritaba palabras groseras. Me
encontraba en una situación embarazosa, que yo no imaginaba fuera a suceder.
Oraba a cada paso que daba y encomendándome a Dios. Mientras era conducido por
los militares al jefe; alguien grito y me abrazó diciendo que me conocía. El me
presentó al comandante y le dijo que me conocía. El guardia insistía que
yo le conocía a él. Yo no le reconocía. El guardia le explicó al comandante que
él era el guardia que mandaron a inspeccionar cuando me habían robado los
pantalones en Cujucuyo dos años atrás. Que tremenda salida para mí. El
comandante me sonrió y amablemente me dijo que no me pasaría nada y que
quedaría en libertad; pero que todavía no `podía partir porque todavía libraban
batalla en las colinas alrededor de la ciudad.
El
siguiente día, nosotros cuatro, pudimos despedirnos de Rogelio y Elvira; doña
Isabel y su hija con quien habíamos pasado esta aventura misionera en el
pueblo de Tacuba. Salimos del pueblo a pie hasta Ahuachapán esperado hallar el
tren hacia Santa Ana.
Nuestros
tres estudiantes del instituto bíblicos me dijeron debería tres notas que
debería quemar. Una para el general del gobierno y otra para el líder de los
insurgentes. Evidencia que me tomarían como traidor y que seguramente me
matarían si los encontraban. Los queme y me sentí más seguro. Seguimos a
Ahuachapán y luego a Santa Ana.
Con Miguel
Fuentes, pastor en el Cerro Verde, subimos felices los 40 kilómetros hacia Las
Lomas de San Marcelino. Miguel con su familia y yo a la mía agradecido que Dios
nos había liberado.
LEY
MARCIAL
Después de
la revolución comunista en 1932 la ley Marcial fue impuesta en El Salvador. .
Esto significa que todas las libertades civiles son pasadas a los
comandos militares. Había permiso pero siembre bajo el control militar.
Paja viajar dentro del país había que tener un permiso escrito por las
autoridades. Si no lo tenías, peligraba tu vida. Solicité un permiso especial
para viajar a Sonsonate, donde llevaría a cabo cultos especiales. Había muchas
oficinas militarizadas donde fui a solicitarlo. Examinaron mi pasaporte de
inglés. Estaban maliciosos en el propósito de mi visita a estos lugares.
Después de interrogarme me enviaron a otra oficina. Entre a la oficina del
coronel encargado. Le expliqué nuestro interés de tener garantía del gobierno
para tener nuestras reuniones evangélicas sin problemas. El oficial fue muy
amable y presenté mi caso: Seguridad para los creyentes después de la
insurgencia comunista. El dijo que la situación era delicada para los
evangélicos. Dijo que creyentes habían dado posada a los rebeldes y estos
habían entrado a los fuertes militares, haciendo mutilaciones y matando a
guardias del ejército. Dijo también que más de algún evangélico había sido
sacado a la calle para torturarlo por haber dado lugar a los rebeldes. En las
últimas 6 semanas yo había oído de este creyente que con su hermano nos
había traicionado siendo espía de los rebeldes. El coronel estaba clasificando
a todos los evangélicos como comunistas por estos casos
aislados.
Me
encontraba en una situación incómoda. Me encontraba en un presidio militar
acusado de traición por los evangélicos al gobierno. Los creyentes eran fieles
al gobierno y no eran cómplices junto a pun puñado de insurgentes comunistas agitadores
del pueblo. Nuestro propósito era la propagación del evangelio pentecostal en
El Salvador. No éramos traidores.
Le dije:
“Señor gobernador: Tenemos unos 300 creyentes en el occidente y oriente del
país. Ha descubierto 6 creyentes en esta actividad. Pero hay 10000 insurgentes
que han movido al estado salvadoreño y no han sido unos pocos creyentes
involucrados en esta insurgencia. El coronel se admiró de lo que le dije.
Y continué diciéndole: “ Estos 300 creyentes que hay en El Salvador fueron extraídos
de los 4 partidos políticos que disputaban la presidencia en las
elecciones pasadas; otros eran policías; otros eran militares; y ya no
participan en política abierta. ¿Cómo pueden ser los creyentes los agitadores
como los políticos insurgentes comunistas?”. No sé cómo fue recibida mi
exposición pero el coronel me despidió de su despacho. No fui detenido
tampoco, pero en unos pocos días se nos concedió el permiso para hacer nuestros
cultos evangélicos en todo el país.
EXPULSADOS BAJO VIGILANCIA
Había viajado a Guatemala por 15 días para estar en
Atescatempa, Horcones, Jutiapa y Progreso en Guatemala. Hermano Benancio nos
atendería en esta visita. Era, Benancio un aciano en la Fe. Había cuidado
de la obra de Dios en estos lugares. Miguel Fuentes y Miguel Flores de El
Salvador me acompañaban. Los dos salvadoreños eran estudiantes del Instituto
Bíblico y dispuestos a caminara y servirá a Dios donde Dios les llamare.
Pastor Carías nos atendió y fue de mucha bendición nuestras reuniones como el
compañerismo. Alguien seguía la pista de nuestra estadía en Guatemala. Un tipo
nos había acompañado en toda la travesía. Yo no lo entendía. No hay
problemas, solo oportunidades. Después en tenderíamos el asunto.
Nos preparábamos para dormir la tercena noche en Progreso.
Preparamos las hamacas, y apagamos la luz de keroseno.
Nos despertaron unos golpes puertas en la
puerta. Benancio, preguntó: ¿Quién es? La puerta fue derribada y tres
revólveres nos apuntaban. ¿Qué pasa?, preguntamos. Ustedes están bajo arresto,
nos dijeron los hombres .Acompáñenos ¡dijeron. ¡Casi no pudimos arreglar
nuestras maletas. ¿Qué pasa?, ¿porque nos arrestan?, No había respuesta. El
inglés y dos salvadoreños predicadores, arrestados. Tenemos sello de la
frontera, nuestros papeles están en regla. No había explicación. En la noche un
vehículo nos condujo. En el camino se arruinó el motor. Caminábamos a pie
cuando casualmente encontramos una casa de campo enfiestada y los guardias
pidieron nos prestaran bestias para llevarnos hasta la frontera. Borrachos
fueron a traer 6 bestias de montar, mientras compartieron tragos con los
guardias, quienes habían impuesto su autoridad. Fueron 24 kilómetros que
nos acompañaron hasta cruzar la frontera. Después a Santa Ana. ¿Qué error
habíamos cometido?
Venancio, me dijo después que el personaje que nos
acompañaba como espía nos había reportado como revolucionarios comunistas y por
eso nos habían deportado. Por sospechosos.
Un par de años más tarde entendí el propósito de Dios en
esta injusticia que nos habían hecho pasar. Viajaba por este mismo lugar con
Juan Franklin, misionero USA en Guatemala, Le comenté a Juan que yo conocía
este lugar y que había estado antes. Donde nos dejó el vehículo en la noche.
¿Qué?, dijo Juan con gran expectación, ¿Ya habías estado aquí antes?
Le conté la historia de los que nos habían pasado y me dijo
que en esta misma casa era a dónde íbamos a un culto. Qué alegría y regocijo
sentí al ver los propósitos de Dios cumplidos. “A los que aman a Dios...Toda
ayuda a bien”. La misma casa donde había borrachera y confusión ahora íbamos a
celebrar un culto de adoración a Dios. Juan me compartió de la fe de estos
hermanos que salieron predicadores a toda Guatemala. Juan Franklyn, pioneer de The Assemblies of God
in Guatemala.
LA BIBLIA ES DE
IZQUIERDA
La iglesia primitiva vivía un socialismo; Hechos. El que tenga dos túnicas que le dé una a su
prójimo: Jesus.
La Social Democracia, La Democracia Cristiana basan su
movimientos políticos inspirados en el cristianismo de la Biblia.
La Biblia rechaza la explotación del Hombre por el Hombre.
Apóstol Santiago, Profeta Menores

