domingo, 19 de enero de 2014

CARLOS HENRÍQUEZ CONSALVI


 



“En Noviembre de 1979 yo me encontraba colaborando como conferencista en INVASIÓN VENEZUELA 79 en Caracas. Me llevaron a conocer la residencia de Ingeniero José Napoleón Duarte, que se encontraba exiliado en ese entonces. ¿Dónde se encontraba usted? Pregunté a Carlos Henríquez Consalvi, en su conversatorio en la Biblioteca Nacional de San Salvador el  17 de enero de 2014 en la  presentación de su libro La Terquedad Del Izote. Buena pregunta, me dijo, Manglio Argueta, que se encontraba con un centenar de estudiantes de periodismo de la UCA.
Yo no conocía a Carlos Henquiquez Consalvi, autor del libro La Terquedad Del Izote. Sentí afinidad con su persona. El es de 1947; Yo de 1950. Ambos idealistas. El tomó las armas; Yo la Biblia. De Wikipendia en inglés traduje su biografía:
Carlos Henríquez Consalvi. Alías Santiago. Nación en Mérida, Venezuela en 1947. Su padre acérrimo oponente del dictador militar Pérez Jiménez. Fueron exiliados con su familia a Costa Rica y México. En 1958 de 11 años regresa a su Venezuela querida. Estudia Periodismo en la Universidad Nacional de Caracas. En 1972 viaja a Nicaragua a ayudar a las víctimas del terremoto de Managua. Viaja con grupo de jóvenes a ayudar.  Consalvi profundamente interesado en la historia lleva a cabo investigación en Paris, Madrid y Roma.
En 1978 se encuentra en Managua cuando es asesinan a Pedro Joaquín Chamorro. Escribe artículos en La Prensa sobre Derechos Humanos en el periódico de los Chamorros. Después de la caída de la dictadura de los Somosas se traslada a El Salvador donde funda la radio Venceremos  en 1980. Sus memorias durante la guerra civil salvadoreña – 1980 1992- se reflejan en su libro La Terquedad Del Izote.
La importancia de la memoria cultural e histórica para la reconstrucción de una sociedad le lleva a fundar el Museo De La Palabra E Imagen. Se abre en 1999 y contiene films, fotos, sobre la cultura e historia de El Salvador. Con su museo él promueve los Derechos Humanos, Justicia Social y Paz.
Ha escrito varias novelas y literatura narrativa. Produce audiovisuales, cine, películas documentales: Cicatrices de la memoria. La Palabra En El Bosque, La Frontera Del Olvido, Cuentos de Cipotes – Cartoon- de Salarrué.
En 2008 Consalvi fue galardonado con el premio  Prince Calus Award de Netherland. Esto por crear espacio para la libertad y por su aporte a crear las bases de una sociedad más justa en El Salvador conservando la memoria histórica del país.
De las preguntas del conversatorio rescaté:
El nombre del libro: La Terquedad Del Izote nació el día que mataron a los jesuitas de la UCA.
El libro se imprimió en México gracias a la intervención de un familiar de Santiago ante Gabriel García Márquez.
Evitó pronunciar el nombre del coronel Monterrosa, al expresar su apreciación del militar. Resintió que la brigada de San Miguel lleve su nombre y que se le rinda honores por algunos militares de mentalidad de derecha.
Consalvi es un internacionalista que lleva en el ADN ideales de justicia social para el mundo. Es el Che Guevara venezolano-salvadoreño. El vive en El Salvador siguiendo las huellas del CHE.
El Título del libro:
 Terquedad, Obstinación.
 Izote: Renace a pesar de las inclemencias del tiempo. Las ideas no mueren: Renacen en otras mentes.
La yuca pie de elefante o yuca de interior (Yucca elephantipes, sin. Yucca guatemalensis) es una planta arborescente de la familia de las agaváceas, nativa de El Salvador y Guatemala. Se cultiva como planta de interior, y los pétalos y brotes tiernos se consumen como verdura. Su flor, el izote, es la flor nacional de El Salvador.
 El  lephantipes carece de espinas, por lo que es más frecuente como planta ornamental que otras especies. Alcanza los 10 m de altura, con tallos simples o ramificados, engrosados en la base. Las hojas son alargadas, de 50 a 100 por 5 a 7 cm de longitud y los bordes ligeramente dentados. Las inflorescencias son panículas frondosas con flores acampanadas, de color blanco o crema.
Es comestible, sus pétalos se consumen con huevo y tomate o con limón y sus botones como ensalada. En Centroamérica se consume mucho. Es de sabor amargo, como la pacaya.
LA TERQUEDAD DE LA GPP
La Guerra Popular Prolongada de Cayetano Carpio Y Mao  se convirtió en GPP = Ganaremos Por Pasos. El FML ya gobernó mixtado con Mauricio Funes. Hoy va por la presidencia con Salvador y Oscar. Suramérica experimenta el GPP con votos y con gobiernos hacia el Socialismo Del Siglo XXI. Llegaremos al SOCIALISMO por PASOS.

LA TERQUEDAD COMIENZA EN TACUBA, AHUACHAPÁN. 1932

¡CASI ME MATAN ¡
Por Ralph D. Williams, misionero protestante inglés.

LA REVOLUCIÓN EN TACUBA
Con Miguel Fuentes, Miguel Flores, Silverio Díaz, tomamos el tren para Ahuachapán en la estación de Santa Ana para llevar a cabo una gira por las iglesias de Tacuba y El Imposible por ocho días. Al llegar a la estación de Ahuachapán, caminamos a pié a Tacuba donde comenzábamos una gira a los primeros grupos pentecostales: A las montañas, a la orilla del rio Paz – rio que divide a El Salvador de Guatemala-.  Aquí todavía se podía encontrar a gente nativa que hablaba náhuatl. Solo eran 18 kilómetros la primera etapa para llegar a Tacuba. Rogelio y Elvira y sus dos hijas habían sido instalados como pastor en la iglesia de Tacuba. Llegamos a Tacuba miércoles. Estaríamos en San Benito – Parque Reserva Forestal, EL IMPOSIBLE, cantón San Benito de San Isidro Menéndez, Ahuachapán, sábado y domingo. – Esto a orillas del parque reserva forestal El Imposible, a 50 kilómetros de Tacuba-. Allí les predicaríamos a unos 80 hermanos. Esto en semana santa de  1932.  Solo hacía dos años se habían fundado LAS ASAMBLEAS DE DIOS en la ciudad de Ahuachapán- 1930.
Había rumores de una revolución en el pueblo. Los disturbios políticos eran común en estos días, así no tomamos cuidados de los rumores. Solo tuvimos culto miércoles y jueves en la noche en Tacuba. El siguiente día seguiríamos la gira al Imposible que estaba a 50 kilómetros a pie más adelante. Había fuertes rumores de que los revolucionarios estaban llegando a Tacuba.
El viernes,  que era el día que partiríamos al Imposible, San Benito; Arbizú nos envió un telegrama urgente desde Santa Ana que nos decía que regresáramos a casa. Fuimos a la Guardia Nacional a preguntar qué pasaba. Había problemas políticos pero todo estaba bajo control, nos dijeron.
Decidimos continuar  la gira al Imposible. (Su rango altitudinal (de los 300 a 1,450 metros) y topografía accidentada han dotado a El Imposible de una belleza singular. Al principio del siglo XX, los caficultores transportaban su café a lomo de mula, desde las fincas del norte hacia el Puerto de Acajutla. Pero existía una barranca entre dos montañas donde se interrumpía el paso. Allí, los arrieros construían precarios puentes, que en muchas ocasiones no soportaron la carga y se derrumbaron, arrastrando a bestias y humanos hacia el precipicio. Flora y fauna

Con más de 1,000 especies identificadas de flora, 500 de mariposas diurnas, 282 de aves, 103 de mamíferos y 53 especies de anfibios y reptiles, El Imposible posee la mayor diversidad biológica del país, aquí existen especies que solo se encuentran en El Salvador, como el "guana quito de tierra". )
Pedimos un salvoconducto a los militares del pueblo para ir al Imposible, cantón San Benito, por si una patrulla nos encontraba, no nos fueran a confundir como rebeldes. El culto en el Imposible se iba a llevar a cabo en casa de hermana Isabel, en la calle principal del cantón. Así los que pasaran podrían escuchar palabra de Dios.
Terminamos el último culto en Tacuba y nos preparamos para dormir – en las hamacas- pues necesitamos descansar pues madrugaríamos para viajar al Imposible por las montañas.
Algo nos despertó una hora después de habernos quedado dormidos. ¿Oyeron esos balazos? ¿Es fuego de rifle disparando? Alguien grito´. Rogelio fue el que gritó. No se preocupen va a haber elección de alcalde mañana en la mañana. Es probable que uno de los partidos en contienda política esté intimidando al otro bando. ¡Duérmanse ya¡ Tratamos de dormir pero los disparos continuaban. Rogelio volvió a gritar a estar en silencio y no encender luz.
Los disparos fueron cada vez más fuertes y sospechábamos que no era una cosa poca. La puerta se abrió y entro hermano Perla, uno de los hermanos de Tacuba que nos dijo que no era asunto de elección sino que se trataba de una REVOLUCIÓN.
Una gran banda de hombres vino y a punta de machete nos dijeron que les acompañáramos en la toma del pueblo.  Yo iba llegando del culto pero ellos me sacaron a la calle y nos trajeron al pueblo. Ahorita han comenzado a matar a los que se oponen. Primero atacaron los puestos de la guardia Nacional y mataron 20 militares y a todo aquel que se oponía a ellos.  Tan pronto me di cuenta de lo que estaba sucediendo en el pueblo. Me hice a un lado de la multitud de gente armada y con cuidado me vine donde ustedes para informarles lo sucedido. De aquí me voy para mi casa por las colinas.
Con estas noticas, solo nos encomendamos a Dios por  si nos mataban. Nos encontrábamos en medio de dos fuegos: el ejecito y los insurgentes. Se oía  tiroteo en el centro de Tacuba. Gritando fuerte el enemigo se movía en posición contraria. Gritos horribles se oyó toda la noche. La mayoría de la gente que habita Tacuba son nativos indígenas. Al llegar la mañana con los rayos del sol, las mujeres pequeñas  re fajadas – vestidos de colores confeccionados por ellas-.  Ellas comenzaron a salir por el jardín de las casas a buscar comida y a sus esposos. Elvira salió a saber de las noticias de la noche.
Los veinte hombres que formaban la barricada los mataron anoche. El comandante le disparó y mutilaron en la casa  de Isabel, donde ella había visto la barricada. Mataron muchos otros de los dos bandos en contienda. Revisan casa por casa y los que no están al lado de la revolución, los matan. Ellos decían que la revolución había vencido solo faltaba que callera Santa Ana y Ahuachapán. Las mujeres lloraban a sus muertos que habían caído en combate, enfrente de la casa de predicación que recién se había rentado; También al otro lado de la calle.
Había poca paz y orden. Después de orar y  consultar con los hermanos, decidimos ponerlos al lado de los insurgentes y pedir permiso de salir de Tacuba como lo habíamos planeado. Salimos los cuatro en la calle principal, sin problemas, cuesta abajo hasta llegar unas cuadras cerca del centro. Entones vimos hombres armados con fusiles escondiéndose entre las paredes y arbustos a los dos lados de la calle. No era sensato salir corriendo, una  bala nos podría alcanzar, así que seguimos caminando quietos y tranquilos. Al acercarnos al parque central del pueblito unos hombres nos asaltaron a punta de rifle y nos mandaron a estar de pie con manos en alto contra la pared. Varios cientos de hombres nos rodearon. Cuando estaban a punto de dispararnos una voz les grito: “Son evangelistas yo los oí cantar y predicar anoche”. Déjenlos ir. Después de argumentar entre los insurgentes nos dejaron en libertad, pero no nos dejaros salir pues la batalla continuaba en las colinas alrededor del pueblo.
Regresamos a la casa de predicación, desconsolados. ¿Qué harás de nosotros, Señor? Oré a Dios. Regresamos a nuestro refugio temporal sin ser dañados. El Señor nos mostrará que hacer en medio de esta revolución.
Supimos algo de los hombres que habían matado en la noche, por medio de las viudas. Algunos estaban vivos escondidos en el tabique de las casas y las mujeres venían solo para llevarles agua y comida. Algunos al ser descubiertos los matarían por contrarios a la        revolución. Al caer la noche se oía el golpe del trote de los hombres tocando las puertas de las casas y sus horribles gritos. Yo contenía la respiración, pues los golpes de los zapatos se oían al otro lado de la puerta. Solo faltaba que tocaran la nuestra para sacarnos. Nuestra puerta la saltaron y fueron a otra.
Dos noches seguidas sin dormir y con los mismos ruidos y emociones. Silverio le dio catarro y yo lo aquietaba para que no hiciera ruido. Elvira cocinó un pollo y comimos con arroz sabrosos. Sin duda el Ángel del Señor estuvo con nosotros en estas horribles noches. Vino el tercer día. ¿Cuándo va a terminar esto?, pregunté a Dios. Hubo calma y de pronto una ráfaga de gente se agolpó en las calles. Abran las puertas y los fueras afuera. Las puertas se abrieron de par en par y se oyeron unas ráfagas de fuego. Elvira vino y dijo deberíamos escapar. Es el momento de irnos a las colinas y escondernos, dijo. Rogelio y Elvira, pastores de Tacuba estaban turbados y asustados por los eventos de 32. Creímos que estábamos a salvo en la CASA DEL SEÑOR, pero Rogelio trataba de persuadirnos: “El sabio ve el mal y se aparta”. Por fin le hicimos caso.
Teníamos 1 kilómetros de haber salido del pueblo cuando vimos otra tropa de gente cuando alguien nos gritó arriba de nosotros. Pero no la tropa. La voz nos decía: “A morir van”, “A morir van”. Íbamos caminando lejos uno del otro pero todos oímos la voz. Creímos era la voz de Dios y regresamos a la  sala evangélica en Tacuba. De regreso 4 hombres armados llegaron a la sala de predicación nos llamaron afuera. Solo yo por extranjero no salí. Yo tenía miedo pues mucha gente estaba muriendo en la insurrección. El arma más común era el machete. Señor, le oré a Dios, si he de morir quiero que sea de una bala y con un machete. Confieso que mis pies estaban helados. Encontré una hoja de papel dentro de mi Biblia y escribí mi despedida a Joya, Owen y David. Les escribí lo mucho que los quería. Puse el papel dentro de la Biblia. Oré de pie a Dios y me encomendé a Él. Yo sentía a que este era mi fin. Estaba preparado para  partir. Estaba tranquilo y lo que viniera sería bienvenido. De pronto un ruido en la puerta y 6 rifles me apuntaban. Elvira se puso al frente para defenderme y les dijo algo a los rifleros; pero ellos la apartaron con la punta de los rifles. Valiente y leal Elvira trataba de librar mi vida junto a las otras hermanitas re fajadas. Me sacaron a la calle en un momento. Ellos estaban reclutando a la gente del pueblo porque el ejército venía a desalojar a los insurgentes de Tacuba, pues se lo habían tomado. Eran muchos los reclutados.

Hubiera deseado me llevaran con los otros hermanos. Luego me junte con ellos en la calle. El único hombre blanco en el pueblo era un hijo de una señora en el pueblo y que era encargado del frente insurgente en el pueblo. Me había saludado amigablemente cuando ingresé al pueblo. Les apuntaba a las hermanas que nos rodeaban. Le advertí que “no me fueran a dañar, pues yo era un ciudadano británico. Que tuvieran su revolución pero que me dejaran libre. Llegaran buques británicos al puerto de Acajutla si tocan a un ciudadano inglés., les dije. Al oír esto el jefe puso atención. En mi pensamiento veía naves británicas que desembarcaban en Acajutla para defender a su ciudadano. Un pensamiento confortable. El comandante escribió una nota que decía: “A las tropas de la revolución comunista, les ordeno, mantener a salvo al ciudadano inglés Ralph D. Williams “. Después que lo hubo firmado, le pedí que incluyera a los hermanos que me acompañaban en el salvoconducto. El aceptó y la firmó.
Con el papel firmado regresamos a la  sala evangélica, que era nuestro cuartel espiritual esos días de angustia. Estábamos libres y a salvo pero las calles del pueblo hervías de turbulencia y de incontrolable  movimiento de gentes. Al volver mi mirada vi a muchos perros y cerdos que se arrebataban la carne de los muertos no enterrados del conflicto.
Como a las once de la mañana se oyó, en medio de la calma, un grito. En el momento no oí el r a  t ata de los rifles. Las mujeres indias decían: “Vienen máquinas de balas”. El ejército ya rodeaba la ciudad y atacaba los puestos de los insurgentes. El ejército se oía lejos todavía pero pronto estaría enfrente de la calle donde nosotros estábamos. Escribí con yeso en la puerta Sala Evangélica, nos encerramos y nos encomendamos a Dios. Habíamos 15 creyentes esperando el contra fuego. Puesto que iba a haber enfrentamiento en las calles, arreglamos las bancas para nos protegiera. Uno de los dos bandos iba a buscar refugio y entrarían donde estábamos. Seríamos blanco del enemigo, de uno y u otro bando.
El ruido de los rifles y metralletas se oía que defendían el pueblo. Esperábamos una bala se filtrara por las puertas, techo o paredes. El ruido del ra ta ta de la guerra intestina se oyó toda la tarde y noche. Esperábamos la muerte en cualquier momento. Teníamos paz con Dios para morir. Todos mis temores se habían ido y yo esperaba el cielo. Esperaba ver a mi hermano Ricardo – Quien vino a América conmigo para labor misionera pero que solo 3 años después Dios lo llamó a su presencia en Perú - , mi familia, apóstoles. Señor, le dije: “Me vas a llevar a casa luego, No mas subir montañas en el campo, no mas noches agónicas  horribles de guerra, cuál será la bala que me llevará a ti”.
Estaba sorprendido de que  no estuviere baleado, ni en el cielo todavía. Estaba un poco decepcionado y una extraña experiencia.  Mi vino a mi mente mi familia y el deseo de volverlos a ver pronto. ¿Pero cuándo?
El siguiente día hubo una relativa calma hasta las nueve de la mañana.  Los soldados del gobierno anunciaron que los que estuvieran al lado del gobierno salieran a las calles; con su sombrero tomado de las dos manos. Deberíamos ir al centro del pueblo acompañado de dos mujeres a los dos lados. Dos mujeres indias me acompañaron a quienes no reconocí. Salimos de la sala evangélica y comenzamos a caminaras hacia el centro del pueblo. Fui detenido por unos hombres con rifle.  Eran 6 hombres los que me apuntaban con sus rifles insultándome con palabras y diciendo yo era uno de los traidores a la patria. Dijo yo era uno de los líderes comunistas. Me gritaba palabras groseras. Me encontraba en una situación embarazosa, que yo no imaginaba fuera a suceder. Oraba a cada paso que daba y encomendándome a Dios. Mientras era conducido por los militares al jefe; alguien grito y me abrazó diciendo que me conocía. El me presentó al comandante y le dijo que me conocía.  El guardia insistía que yo le conocía a él. Yo no le reconocía. El guardia le explicó al comandante que él era el guardia que mandaron a inspeccionar cuando me habían robado los pantalones en Cujucuyo dos años atrás. Que tremenda salida para mí. El comandante me sonrió y amablemente me dijo que no me pasaría nada y que quedaría en libertad; pero que todavía no `podía partir porque todavía libraban batalla en las colinas alrededor de la ciudad.
El siguiente día, nosotros cuatro, pudimos despedirnos de Rogelio y Elvira; doña Isabel y su hija con quien habíamos pasado esta aventura misionera en  el pueblo de Tacuba. Salimos del pueblo a pie hasta Ahuachapán esperado hallar el tren hacia Santa Ana.
Nuestros tres estudiantes del instituto  bíblicos me dijeron debería tres notas que debería quemar. Una para el general del gobierno y otra para el líder de los insurgentes. Evidencia que me  tomarían como traidor y que seguramente me matarían si los encontraban. Los queme y me sentí más seguro. Seguimos a Ahuachapán y luego a Santa Ana.
Con Miguel Fuentes, pastor en el Cerro Verde, subimos felices los 40 kilómetros hacia Las Lomas de San Marcelino. Miguel con su familia y yo a la mía agradecido que Dios nos había liberado.



LEY MARCIAL
Después de la revolución comunista en 1932 la ley Marcial fue impuesta en El Salvador. . Esto significa que todas las libertades civiles son pasadas a los comandos  militares. Había permiso pero siembre bajo el control militar. Paja viajar dentro del país había que tener un permiso escrito por las autoridades. Si no lo tenías, peligraba tu vida. Solicité un permiso especial para viajar a Sonsonate, donde llevaría a cabo cultos especiales. Había muchas oficinas militarizadas donde fui a solicitarlo. Examinaron mi pasaporte de inglés. Estaban maliciosos en el propósito de mi visita a estos lugares. Después de interrogarme me enviaron a otra oficina. Entre a la oficina del coronel encargado. Le expliqué nuestro interés de tener garantía del gobierno para tener nuestras reuniones evangélicas sin problemas. El oficial fue muy amable y presenté mi caso: Seguridad para los creyentes después de la insurgencia comunista. El dijo que la situación era delicada para los evangélicos. Dijo que creyentes habían dado posada a los rebeldes y estos habían entrado a los fuertes militares, haciendo mutilaciones y matando a guardias del ejército. Dijo también que más de algún evangélico había sido sacado a la calle para torturarlo por haber dado lugar a los rebeldes. En las últimas 6 semanas  yo había oído de este creyente que con su hermano nos había traicionado siendo espía de los rebeldes. El coronel estaba clasificando a todos los evangélicos    como comunistas por estos casos aislados.
Me encontraba en una situación incómoda. Me encontraba en un presidio militar acusado de traición por los evangélicos al gobierno. Los creyentes eran fieles al gobierno y no eran cómplices junto a pun puñado de insurgentes comunistas agitadores del pueblo. Nuestro propósito era la propagación del evangelio pentecostal en El Salvador. No éramos traidores.
Le dije: “Señor gobernador: Tenemos unos 300 creyentes en el occidente y oriente del país. Ha descubierto 6 creyentes en esta actividad. Pero hay 10000 insurgentes que han movido al estado salvadoreño y no han sido unos pocos creyentes involucrados en esta insurgencia. El coronel se admiró de lo que le dije.  Y continué diciéndole: “ Estos 300 creyentes que hay en El Salvador fueron extraídos de los  4 partidos políticos que disputaban la presidencia en las elecciones pasadas; otros eran policías; otros eran militares; y ya no participan en política abierta. ¿Cómo pueden ser los creyentes los agitadores como los políticos  insurgentes comunistas?”. No sé cómo fue recibida mi exposición pero el  coronel me despidió de su despacho. No fui detenido tampoco, pero en unos pocos días se nos concedió el permiso para hacer nuestros cultos evangélicos en todo el país.


EXPULSADOS BAJO VIGILANCIA
Había viajado a Guatemala por 15 días para estar en Atescatempa, Horcones, Jutiapa y Progreso en Guatemala. Hermano Benancio nos atendería  en esta visita. Era, Benancio un aciano en la Fe. Había cuidado de la obra de Dios en estos lugares. Miguel Fuentes y Miguel Flores de El Salvador me acompañaban. Los dos salvadoreños eran estudiantes del Instituto Bíblico y dispuestos a caminara y servirá a Dios donde Dios les llamare.  Pastor Carías nos atendió y fue de mucha bendición nuestras reuniones como el compañerismo. Alguien seguía la pista de nuestra estadía en Guatemala. Un tipo nos había acompañado en toda la travesía. Yo no lo entendía.  No hay problemas, solo oportunidades. Después en tenderíamos el asunto.
Nos preparábamos para dormir la tercena noche en Progreso. Preparamos las hamacas, y apagamos la luz de keroseno. Nos       despertaron unos golpes puertas en la puerta. Benancio, preguntó: ¿Quién es? La puerta fue derribada y tres revólveres nos apuntaban. ¿Qué pasa?, preguntamos. Ustedes están bajo arresto, nos dijeron los hombres .Acompáñenos ¡dijeron. ¡Casi no pudimos arreglar nuestras maletas. ¿Qué pasa?, ¿porque nos arrestan?, No había respuesta. El inglés y dos salvadoreños predicadores, arrestados. Tenemos sello de la frontera, nuestros papeles están en regla. No había explicación. En la noche un vehículo nos condujo. En el camino se arruinó el motor. Caminábamos a pie cuando casualmente encontramos una casa de campo enfiestada y los guardias pidieron nos prestaran bestias para llevarnos hasta la frontera. Borrachos fueron a traer 6 bestias de montar, mientras compartieron tragos con los guardias, quienes habían impuesto su autoridad. Fueron  24 kilómetros que nos acompañaron hasta cruzar la frontera. Después a Santa Ana. ¿Qué error habíamos cometido?
Venancio, me dijo después que el personaje que nos acompañaba como espía nos había reportado como revolucionarios comunistas y por eso nos habían deportado. Por sospechosos. 
Un par de años más tarde entendí el propósito de Dios en esta injusticia que nos habían hecho pasar. Viajaba por este mismo lugar con Juan Franklin, misionero USA en Guatemala, Le comenté a Juan que yo conocía este lugar y que había estado antes. Donde nos dejó el vehículo en la noche. ¿Qué?, dijo Juan con gran expectación, ¿Ya habías estado aquí antes?
Le conté la historia de los que nos habían pasado y me dijo que en esta misma casa era a dónde íbamos a un culto. Qué alegría y regocijo sentí al ver los propósitos de Dios cumplidos. “A los que aman a Dios...Toda ayuda a bien”. La misma casa donde había borrachera y confusión ahora íbamos a celebrar un culto de adoración a Dios. Juan me compartió de la fe de estos hermanos que salieron predicadores a toda Guatemala. Juan Franklyn, pioneer de The Assemblies of God in Guatemala.

LA BIBLIA ES DE IZQUIERDA
La iglesia primitiva vivía un socialismo; Hechos.  El que tenga dos túnicas que le dé una a su prójimo: Jesus.
La Social Democracia, La Democracia Cristiana basan su movimientos políticos inspirados en el cristianismo de la Biblia.
La Biblia rechaza la explotación del Hombre por el Hombre. Apóstol Santiago, Profeta Menores




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